.- En reconocimiento a sus valiosas aportaciones en el cultivo de la vid, la producción vitivinícola, la cultura y las relaciones diplomáticas
Por Rogelio Lavenant Sifuentes
TIJUANA.- Al llegar a Baja California, en el año de 1965, el entonces joven enólogo italiano Camillo P. Magoni Morelli, no se imaginaba que llegaría a

convertirse en un “referente obligado”, un modelo o “icono” en tratándose del tema de la producción vitinicola y la excelente calidad de los vinos mexicanos que estan reconocidos como de los mejores en el mundo.
Tampoco, seguramente, soñó con escribir un libro con la historia moderna del Valle de Guadalupe de la que es uno de los principales protagonistas, como tampoco pensó en ser el enlace diplomático entre Tijuana y su país natal, Italia, donde nació el 24 de Diciembre de 1940, en la ciudad de Morbegno, en la provincia de Sondrio, en la Valtellina, en la parte norte de la Lombardía, región famosa por sus atractivos naturales.
Es obvio que Camillo Magoni, como es llamado y conocido por quienes le han tratado en su multifacético quehacer en esta región noroeste de Mexico, mucho menos tenia entre sus proyectos personales ser nominado por el Grupo Madrugadores de Tijuana, como el “FORJADOR DEL AÑO 2009”, reconocimiento que merecidamente recibió la mañana de este Jueves 26 de Noviembre en curso, de manos del coordinador general Sergio Jaime Valdez Manrique, los integrantes de su directiva y funcionarios estatales y municipales presentes en el homenaje que le fue ofrecido en un acto solemne verificado en un amplio salón del hotel Marriot.
DATOS BIOGRÁFICOS DEL HOMENAJEADO
Con una población poco mayor que la que en los años treinta tenía Tijuana, la ciudad de Morbegno, en la provincia de Sondrio, en la Valtellina, en la parte norte de la Lombardía, siendo una de las menos nombradas en el universo de las poblaciones italianas, tiene la

singular importancia de ser el sitio en que un 24 de Diciembre, víspera de la Natividad, para ser precisos en el año 1940, vio la luz primera en el hogar de Gabriele Magoni y Erminia Morelli, un niño al que pusieron por nombre Camillo.
Fue el segundo de los cinco hijos del matrimonio Magoni Morelli y compartió infancia y adolescencia con sus hermanos Luigi, Carlo, María y Giuseppe.
Allá en Morbegno inició sus estudios en una Scuola dell’infanzia, continuándolos en uno de los liceos de aquella comuna.
Pasó a la Scuola Enologica di Alba, institución fundada en 1881, en el Piamonte, en donde obtuvo el diploma de enotécnico, que es nada menos que perito agrario especializado en viticultura y enología, en 1962. El curso, entonces era de seis años de 36 horas de clase a la semana, nada para tomarse a la ligera. Baste decir que según datos estadísticos sólo el 10% de los 4,000 técnicos vinícolas que trabajan en Italia cuenta con estudios formales.
En la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, completó con igual éxito el posgrado Economía Agrícola
Su experiencia laboral la inició en su patria, al servicio de la Casa Vinícola Nino Negri, de Chiuro en Sondrio, en su misma región, a la cual sirvió como enólogo durante los años que van de 1963 a 1965.
El entonces joven enológo, recién laureado profesional de la viticultura y enología decidió venir a colaborar en una empresa del ramo, con raíces en la región que tenía y tiene visión de futuro y buscaba tecnificar su hacer.
Con ello la viticultura mexicana, no solamente la de Baja California, ganó una mente brillante y un espíritu inquieto que ha contribuido al desarrollo de ese arte, ciencia y técnica que es la pasión de hacer vino, pero vino bueno.
Camillo llegó a Baja California en el año sesenta y cinco del siglo pasado, incorporándose a la bodega de aquel pionero de la viticultura en Baja California que fue don Angelo Cetto Carli. Y empezó a trabajar en lo suyo.
Ahí conoció a Diana L. Olvera, joven y diligente asistente de don Ángel y una cosa llevó a otra, culminando con la unión de esos dos jóvenes en un matrimonio que ha procreado a cinco bellas tijuanense, Gabriela, Melania, Monica y Mariela, hoy casadas, que han dado a Diana y Camillo siete nietas, Diana Paola, Ana Gabriela, Natalia, Isabela, Camila, Daniela y Denisse.
Oriundo de una ciudad de pequeña extensión, Camilo vivió sus primeros años en estrecho contacto con la tierra. Seguramente por ello ha sido y es un amante del suelo. Habiendo elegido una profesión que se centra precisamente en él y en lo que produce, ha sido, según confiesa, feliz porque a lo largo de su fecunda vida profesional ha hecho lo que le gusta.
Y, como consta a todos, lo ha hecho bien, no solamente para satisfacción personal, que ya es suficiente logro, y para bien de las empresas a las que sirve, que ha producido grandes beneficios de toda índole, sino para nuestra región y, ¿por qué no decirlo?, nuestro país, porque su ejemplo tesonero y su cotidiano esfuerzo por hacer de la viticultura bajacaliforniana una actividad exitosa en todos sentidos ha hecho escuela en el todo México.
Y es que le buen ejemplo tiene sus frutos. Ha hecho escuela porque demostró que cultivar buena uva y hacer buen vino no solamente es posible en México, lo que durante décadas muchos pusieron en duda, sino que también puede ser negocio y dejar pingües beneficios a la región, como se viene comprobando en el norte de Baja California.
Es cierto que acá se ha hecho vino desde tiempos misionales, tanto así que hasta tenemos una variedad de uva que lleva por nombre “Misión”. Pero fue necesaria la visión y decisión de unos cuantos y la guía de aún menos, para que aquello que fue incipiente industria pasara a ser el sustento de una importante región del estado y orgullo de todo Baja California.
La labor del campo siempre ha sido “obra de amor” y Camillo es un “enamorado de la tierra”. Por ello ha sabido domeñar la impaciencia y ordenar el estudio y el trabajo para encontrar como sacar el mejor provecho de la tierra de Baja California. Tierra que, si bien es noble y generosa, también es difícil y celosa. Camillo ha sabido estudiarla para llegar a entenderla y asì conocerla. Una vez establecida una relación de mutua confianza ha podido proponer y diseñar una forma propia de “hacer buen vino”-
Y buen vino ha hecho contribuyendo así a que se nos conozca en el mundo a los bajacalifornianos por un muy buen producto regional, de calidad mundial.
Nuestra tierra y nuestra agua son diferentes. También lo es nuestro clima. De ahí que nuestros vinos igualmente lo sean. Diferentes, sí, pero no inferiores. En esa tarea de generar el orgullo de hacer buenos vinos, estriba el legado que viene dejando en esta región, nuestro amigo Camillo.
Esa labor es obra de más de cuatro décadas a lo largo de las cuales, callada pero tesonera y tozudamente, dos cualidades que hay que reconocer y envidiar en Camillo, ha venido cultivando la tierra, sí, pero también formando seguidores en su amor por ella, por la uva y por el vino, pero de calidad.
Además de ser formador, es decir maestro, aún sin proponérselo, ha sido un apasionado estudioso de la Baja California, habiéndola recorrido no solo de norte a sur, de mar a mar, sino de arriba abajo, pudiendo asegurarse que hay pocos rincones de la península que a los que no haya llegado en su búsqueda por los orígenes y la historia de la uva y del vino en estas tierras.
El gobierno de su Italia natal ha reconocido la valía de Camillo Magoni, designándole, en 19991, para fungir como Cónsul Honorario de aquella República en Baja California. Si es cierto que Italia siempre ha estado bien representada en Baja California, confiar a Camillo esa responsabilidad viene a confirmar este hecho, pues difícilmente podía haber mejor cónsul de aquel país en estas tierras. Primero por su lealtad a la tierra que le vio nacer, pero no menos por el cariño que tiene a esta que ha adoptado.
La modestia de Camillo no ha permitido saber cuántas distinciones ha recibido, seguro que menos de las que merece. Sin embargo, sabido es que en el 2005 el Grupo Cetto le rindió un especial y merecido tributo por cuarenta años de servicio.
Ha sido fundador del Círculo Italiano en Baja California, trabajó con sus integrantes para donar a Tijuana el monumento conmemorativo del Encuentro de Dos Mundos que adorna el CECUT. En el 2005 fue nombrado Enólogo del año por la Revista Danesa “Vinbladet”. Y, en 2007, fue condecorado con la “Estrella de Mérito al Trabajo”, en grado de "Comendatore”, el más alto reconocimiento que el Presidente de Italia otorga a sus ciudadanos. Este mismo año has sido designado Personaje de la edición 2009 del Paseo de la Fama de Tijuana” por el Comité de Imagen de Tijuana (CIT).
Camillo Magoni es miembro distinguido de la Asociación Italiana de Enólogos, de la American Society of Oenology, de la South African Society of Oenology, socio fundador del Círculo Italiano de las Californias y de la Sociedad de Historia de Baja California.
No conforme con esto, ha sido ponente en un sinnúmero de congresos y conferencias, además de profesor en una amplia variedad de cursos sobre su área de especialidad, tanto en México, como en el resto de Norteamérica, en Sudamérica, y en el Viejo Mundo.
Para comprobar su amor a la Baja California, su enorme capacidad de investigación, su dominio del castellano, su afición por la historia y las costumbres de Baja California, nos ha regalado con lo que ya se conoce como la “Opua Magnum” del tema, su libro Historia de la Vid y el Vino en la Península de Baja California, que vio la luz en este 2009.
Entre sus labores siempre ha considerado involucrarse directamente con la parte agrícola, estar al pendiente de las actualizaciones tecnológicas y de la orientación del mercado.
Sin duda alguna, este hombre que ve su trabajo como una diversión ha sido forjador de ese lado de la Baja California que es la viticultura, de la que nos ufanamos. Pero además ha contribuido a cambiar la industria y la cultura vinícola en la región, porque si hace cuarenta años era necesario comprar uva, hoy todas las vinícolas grandes y muchas de las pequeñas, son autosuficientes en Guadalupe.
Confiesa que ha tenido la suerte de trabajar en lo que verdaderamente lo apasiona y reconoce que “Para mí el trabajo nunca ha sido trabajo”. El hoy denominado “Forjador del Año 2009”, por el Grupo Madrugadores de Tijuana, tiene la cualidad de los grandes hombres, la modestia, y la claridad de las grandes mentes, entiende su entorno y se dedica con tesón a hacerlo mejor.